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Stephen Glass y el periodismo de ficción

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Stephen Glass era un prometedor periodista que, tras haber destacado como director del diario de la Universidad de Pensilvania, consiguió un puesto de trabajo en The New Republic, como asistente de redacción, una reputada revista que destacaba por su detallado análisis político y que podía presumir de ser la única que “viajaba en el Air Force One [avión presidencial del presidente de los Estados Unidos] con el presidente”, dejando bien claro que la revista tenía una repercusión política que hacía que cualquier periodista deseara trabajar en ella. Y Stephen Glass era uno de esos afortunados.

El prometedor periodista pronto comenzó a destacar con las publicaciones de interesantes y simpáticas historias extraordinariamente relatadas que le hicieron ganarse al público. Historias que pronto se desmoronaron como un castillo de naipes. La publicación de su artículo “Hack Heaven” fue con el que Glass cavó su propia tumba periodística. La historia de un joven pirata informático (hacker en inglés) que había conseguido atentar contra Jukt Micronics y esto le granjeó una oferta de la empresa informática para trabajar con ello. Las exigencias del “púber” hacker fueron las suscripciones a Penthouse y Playboy, el ejemplar nº1 del cómic X-Men, viajar a Disneyland y un Miata (nombre con el que también se conoce al Mazda MX-5), para acabar despidiendo a los directivos de Jukt Micronics con un grito tan rotundo como cinematográfico: ¡Show me the money!

La publicación de un tema tan “digital” en un medio tan tradicional como The New Republic, llamó la atención de Adam Penenberg, periodista con una mayor trayectoria “digital” que trabajaba en Forbes Digital y no entendía cómo no se había enterado de una historia como tal. Así pues, el bueno de Adam se puso a comprobar las fuentes y datos del artículo para acabar dando como resultado que todo era una patraña, una farsa, un invento del prometedor periodista Stephen Glass.  De sus 41 artículos publicados, un total de 27 eran inventados en su totalidad, o parcialmente. Es menester comentar que el equipo de Forbes Digital contó con la ayuda del director de The New Republic, Charles Lane, que comenzó una investigación interna, que si bien al principio le provocó alguna enemistad en el seno de la redacción, finalmente, y tras la comprobación de las mentiras de Glass, finalmente fue vital para descubrir los tejemanejes del joven periodista.

Por un lado, el análisis de la web de Jukt Micronics dió como resultado una web que no podía pasar como profesional para un periodista con experiencia en lo online (como los de Forbes Digital), algo que no ocurría con el director de The New Republic, Charles Lane, que reconocía que tenía nula experiencia en lo digital. Comenzaron a cotejar datos y comprobaron como muchas de las fuentes no existían, no existía tal congreso de hackers, ni el hacker en sí. Una de las investigaciones que más mérito tuvo fue la del número de teléfono de Jukt Micronics, ya que, acertadamente, Adam Penenberg hizo que dos teléfonos llamaran a la vez a dicho número y fue así como se dieron cuenta que la teórica empresa sólo contaba con una línea de teléfono, algo bastante poco inusual en una empresa de gran volumen, como así comentaba Stephen Glass en su historia. Fue un ejercicio que desenmascaró al impostor periodista, pero por otro lado (y no aparece reflejado en la película), deja al aire las vergüenzas del ejercicio de comprobación de fuentes y datos del que tanto presumía la redacción de The New Republic, lo que empuja a un servidor a pensar (si piensa mal) que si un periodista pudo engañar tan fácilmente a tantos redactores, editores, etc., que comprobaban los datos y los reportajes, ¿por qué no lo pudo hacer algún otro? Con esto quiero decir que no sólo queda al descubierto Stephen Glass, sino que también queda al descubierto la fiabilidad de The New Republic y eso es algo que no se destaca apenas en el film de Billy Ray.

Stephen Glass fue despedido y acabó sus estudios de Derecho, de lo que ahora ejerce e incluso escribió un libro (“El Fabulador” [Ed. Planeta Internacional, noviembre 2003]) donde intentó lavar su imagen, cosa que no consiguió. Tras su ansia de fama, causa de la invención de todos esos artículos, ha pasado a un oscuro ostracismo.

Hoy día sería un error pensar que el rigor periodístico, la verificación y el buen periodismo, son sólo sinónimos de medios tradicionales. Son sinónimos, simple y llanamente, de los buenos periodistas. De aquellos a los que su ética les dice que tienen que trabajar acordes a las “reglas del juego” y no inventarse fuentes, datos o artículos al completo. Si eso no fuera así y no existieran las excepciones que confirman la regla (Stephen Glass, Jayson Blair o Johann Hari), no sólo el buen periodismo estaría perdido, sino todo el periodismo estaría abocado a la desconfianza del público y al desastre, a la desaparición. Los medios tradicionales y los medios digitales son las dos caras de una misma moneda y hay razones para pensar que en ambas se pueden encontrar ejemplos de los tres sinónimos enunciados más arriba: Periodismohumano, En la boca del lobo, Hotel Palestina, entre otros. Por el contrario, en el periodismo tradicional también podemos encontrar historias que han resultado ser falsas o manipuladas intencionalmente: La portada de Chavez de El País, estadísticas y datos del movimiento 15-M, las nacionalizaciones de empresas españolas en el extranjero, etc.

En definitiva, el rigor, verificación y buen periodismo se practica tanto en unos medios como en otros, independientemente de si son tradicionales o no. La pelota está en el tejado del periodista que es el que debe llevar a cabo ese rigor, esa verificación y ese buen periodismo. Y si eso se le inculca al periodista, el oficio habrá ganado mucho.

Conclusiones del caso Stephen Glass y The New Republic:

  1. Aunque una historia sea buena y parezca interesante, hay que comprobarla, sin dejarse influenciar por la relación o la personalidad del periodista que la publica.
  2. Internet es una herramienta que ha facilitado la transmisión de la información y la comprobación de la misma, aunque también tiene otra cara, la del anonimato y la posibilidad de difundir informaciones falsas haciéndolas pasar por verdaderas. Internet facilita la invención y el plagio, pero también lo hace más fácil de descubrir.
  3. El verdadero periodista disfruta ejerciendo su trabajo de la mejor manera posible, comprobando la procedencia de las informaciones y no inventando ni fuentes ni datos. El éxito y ganar lectores, llegará paulatinamente si el periodista realiza su trabajo acertadamente.
  4. Conviene revisar los dispositivos para la verificación de la información en cualquier medio, cada cierto tiempo, ya que normalmente las estructuras que verificaban la información vehemente y concienzudamente, tras el paso del tiempo, se suelen tranquilizar y es ahí donde pueden darse casos de periodismo de ficción.
  5. El Periodismo tiene en lo más alto de la pirámide la verdad, la transmisión de hechos noticiosos e informaciones verdaderas, en el momento que esto no es así, el Periodismo no tiene sentido. No hay que confundir Periodismo con literatura.
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Ramón Lobo: Este fuerte no se rinde

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El pasado 23 de noviembre la UMH acogió una interesante charla titulada ‘Periodismo: presente y futuro’, en la que los ponentes fueron Juan Ramón Gil, director del Diario Información, y Ramón Lobo, el reconocido corresponsal de guerra, que concentró gran parte de la atención del público ya que era su primera charla desde que fuera despedido por el ERE del diario EL PAÍS. José Luis Vicente Ferris, escritor, profesor de la UMH y director del Instituto Juan Gil Albert, fue el presentador de ambos ponentes

El director del Diario Información afirmó que no tenía muy buenas noticias en relación al mundo del periodismo y articuló este hecho mediante las cuatro crisis que está atravesando la profesión. La primera de ellas se sustenta en que el periodista ha perdido su identidad y cuando esto sucede “no hace bien su trabajo”, argumentó. La segunda incidía en la no adaptación de los medios a la llegada de las nuevas tecnologías, que provoca que no se le saque todo el jugo posible a estos elementos recién llegados a las redacciones y que tienen unas posibilidades enormes.  La tercera hace hincapié en que el modelo empresarial no es el adecuado, siendo el factor determinante para esta crisis del modelo la aparición de Internet y que nadie ha sabido rentabilizarla. “Es un disparate regalar información”, sentenció el periodista alicantino. Y esto provoca que la calidad de la información sea inferior y los editores tampoco han sabido responder, ya que se han encargado de “prescindir de la gente más valiosa de las redacciones”. Y la cuarta, la crisis económica que arrastramos desde 2008, que ha terminado de “rematar” la situación.

Por último, Juan Ramón Gil, acabó animando a los estudiantes de Periodismo de la UMH para “un futuro difícil” y añadió que “el periodista debe construirse por sí mismo”.

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Entró en escena, entonces, Ramón Lobo. Un ejemplo de periodismo para muchos de los reunidos en el edificio Atzavares de la UMH. No le hace falta presentación.

Su ponencia era la más esperada: era la primera charla que concedía desde su despido. Su intervención tuvo que ver con el Periodismo que no se aprende en los libros y con el que sueñan todos los estudiantes de periodismo, el del joven niño que va a la redacción y que no cabe en sí de gozo al ver que publican tu primera pieza por 250 pesetas de antaño.  Tal vez su situación actual se puede definir con el nombre del nuevo blog que ha creado: Este fuerte no se rinde.  Tras un recorrido por sus experiencias en el mundo del periodismo, el periodista nacido en Venezuela, apostó por el futuro de la profesión, tan adorada por los que la ejercen y practican como defenestrada por los que mueven sus hilos. “Esta profesión es un tobogán: a veces subes y a veces bajas”, definiendo perfectamente cuál es su actual situación profesional.

También tuvo tiempo de divertir a los asistentes con diversas experiencias que vivió en África, como corresponsal, enfatizando en la diferencia en todos los aspectos de la vida que existen si los comparamos con los de occidente. “En África la paz es sólo tener miedo a ser pobre”.

Tras un turno de preguntas muy interesante, terminó esta ponencia en la que todos los presentes conocieron un poco más a Ramón Lobo, la situación actual del Periodismo y se agarraron fuerzas y esperanzas para afrontar la difícil situación que se plantea en el futuro del Periodismo.

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Periodismo UMH se compromete contra la violencia de género

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El pasado 30 de noviembre, en el edificio Atzavares de la UMH, se presentó la campaña contra la violencia de género #yomecomprometo. El antiguo alumno de Periodismo UMH, Ruben Ferrández, jefe de comunicación y Ángel Gómez, director de la campaña, fueron los encargados de dar a conocer los detalles de #yomecomprometo.

Ferrández aclaró que la principal intención de #yomecomprometo es concienciar a toda la sociedad y crear “un compromiso a todos los niveles”. La campaña, que se inició el 25 de noviembre y finalizará el 8 de marzo de 2013, cuenta con el apoyo del Ministerio de Sanidad, Servicios Sociales e Igualdad. Con el fin de agilizar y facilitar la denuncia de los maltratos, se creó una plataforma web que actuará de sistema de denuncia online, acogerá testimonios de mujeres maltratadas, maltratadores y especialistas en la materia y, por supuesto, los videos de los “comprometidos” contra la violencia machista. Este incipiente ejercicio de denuncia social contra la violencia de género, contó con la implicación de actores, artistas y periodistas de la talla de Rosa María Calaf, Jordi Rebellón, Samanta Villar o Nerea Garmendia entre otros.

Angel Gómez y Rubén Ferrández
Angel Gómez y Rubén Ferrández

Rubén Ferrández recordó la importancia de volver a sensibilizar a la sociedad ante estos temas, ya que como explicó: “Estamos narcotizados ante los medios de comunicación”. Y también insistió en la importancia del periodismo social y los periodistas que se especialicen en dicha área, además de la importancia de la no utilización del lenguaje sexista en el Periodismo.

Ángel Gómez, director del proyecto y cineasta, fue el encargado de dirigir a los actores en los spots de la campaña. Su idea era clara, crear duda en el espectador para que, repentinamente, se choque con la frase concreta y contundente que expresan los actores. También explicó que buscaban crear una “sensación de agobio y angustia” para crear así un mensaje agresivo y no reflexivo que consiga hacer pensar al espectador. En este sentido, Rubén Ferrández quiso aclarar que aunque el mensaje sea impactante y busque un compromiso social, no se debe traducir en presión social para la mujer maltratada, ya que esto puede ser contraproducente.

Angel Gómez, Rubén Ferrández y José Luis González
Angel Gómez, Rubén Ferrández y José Luis González

Al final de la ponencia, los alumnos de Periodismo de la Universidad Miguel Hernández y el profesor Jose Luis González que presentó la charla, pudieron ser parte de esta campaña y el equipo de #yomecomprometo grabó un video en el que los futuros periodistas fueron los que se comprometieron contra el maltrato. Porque como reza la página web de la campaña: “Frenar este crimen está en nuestras manos”.

Kapuściński, el periodismo sin intermediarios

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El pasado 21 de noviembre los alumnos de Periodismo de la Universidad Miguel Hernández de Elche, asistieron a una conferencia impartida por Beata Nowacka y enmarcada en el Seminario Internacional Ryszard Kapuściński, promovido por el profesor de la titulación de Periodismo, José Luis Gonzalez. En la ponencia se esbozó la vida y obra del periodista Ryszard Kapuściński desde cinco perspectivas distintas: la de periodista, fotógrafo, poeta, humanista e intérprete de otras culturas.

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Beata Nowacka. Foto: periodismo.umh.es

Beata Nowacka, una de las más reputadas biógrafas del periodista polaco, recordó que Kapuściński comenzó su carrera del mismo modo que el público asistente, “siendo un estudiante universitario”. Estudiante de historia, el reportero vivió en una época convulsa e irrepetible donde en África, tras años de colonialismo y esclavitud, surgieron nuevas naciones. El espíritu humanista y periodístico del que hacía gala el periodista polaco, le impidió “estudiar la situación desde las bibliotecas”. Abogaba por la práctica de un periodismo de proximidad, sin intermediarios, él quería ser testigo directo de esos conflictos. Y así lo hizo.

Nowacka recordó que Kapuściński trabajaba en una agencia de noticias polaca bastante modesta, cubriendo todo el continente africano, lo que le hizo ser corresponsal en cerca de 54 países, aunque esta experiencia también le granjeó algún problema: llegó a ser condenado a muerte hasta en cuatro ocasiones.

Ese periodismo de proximidad que practicaba era el que conjugaba con una frase que el corresponsal polaco manifestó y que posteriormente daría título a uno de sus libros: “Los cínicos no sirven para este oficio”. Este afán por la creación y defensa de una ética y deontología periodística es lo que, a su vez, lo convertía en un periodista que destacaba por la visión humana de sus historias y reportajes.

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Periodista, escritor, historiador y, en cierta manera, etnógrafo. Kapuściński interpretaba las otras culturas para sus lectores, pero también interactuaba y se mezclaba con ellas, consiguiendo ser “la voz de aquellos que no la tienen” en los lugares donde no existían medios de comunicación. Sentir empatía y curiosidad, no tener miedo al esfuerzo, eran otras de las claves para el trabajo periodístico que argumentaba el periodista polaco en este libro.

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José Alberto Avilés – Profesor UMH

La profesora de la Universidad de Silesia, Beata Nowacka, expuso las características que hicieron al reportero polaco lo que es hoy en día, cuando sus obras se han traducido a más de 45 idiomas e incluso Gabriel García Márquez lo ha calificado como “el periodista más grande del siglo XX”. Asímismo se mostró agradecida con la titulación de Periodismo de la UMH que mantiene viva y estudia la obra de Ryszard Kapuściński, fallecido en 2007. José Alberto Avilés, también profesor de la titulación, fue el encargado de traducir a la ponente en una conferencia que acabó con un distendido turno de preguntas.